Presente en algunas playas del mundo, este fenómeno lumínico nos ha sorprendido, cuando es algo común y que por la actividad humana hemos dejado de ver

 

Por razones sanitarias, prácticamente en todo el mundo nos hemos tenido que guardar en casa para evitar la propagación del Covid-19. Esta poca actividad humana en las calles ha atraído a algunas especies de animales a visitar lo que fue su hábitat natural, con espectáculos que parecen increíbles.

En el mar también hemos visto fenómenos naturales que parecen ilusiones ópticas pero que son reales y para las cuales hemos perdido atención. En concreto hablamos de manifestaciones lumínicas nocturnas cerca de las playas que reciben el nombre de bioluminiscencia, y en el que participan plantas y animales oceánicos.

Sucede, por ejemplo, que las algas unicelulares producen dos sustancias químicas (luciferina y luciferasa o fotoproteína) que iluminan sus cuerpos cuando se asustan.

Algunas bacterias, hongos, protistas unicelulares, gusanos, moluscos, crustáceos, insectos, peces y medusas tienen la capacidad de emitir luz al convertir energía química en energía lumínica. Esto es la bioluminiscencia, de acuerdo a lo que explica el David Uriel Hernández Becerril, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM.

Los seres vivos mencionados producen una enzima llamada luciferina, molécula que funge como catalizador y que permite la reacción química que transforma la energía en destello de luz, en otras palabras, quimioluminiscencia, y donde el 98 por ciento de energía se libera en forma de luz y el 2 por ciento restante como calor.

La bioluminiscencia es usada para reproducirse, sobrevivir, defenderse y comunicarse. Es por eso que vemos el destello lumínico sobre las olas o en las ondas sobre el mar cuando surca por él un bote o barco en la noche.

Los organismos bioluminiscentes son muy comunes en las profundidades del mar, pero no hay registro sobre la periodicidad o lugares donde ocurre este fenómeno.

Incluso, la bioluminiscencia oceánica es aún más difícil de ver por la luz natural de la luna o por el aumento de las luces humanas en el mar y especialmente en la costa.

“La mínima presencia de actividad humana o ausencia de ésta ha hecho posible que se disperse a zonas donde antes se veía poco, como varias costas de México”, señala el doctor Hernández Becerril.

“La función que desempeñan los microorganismos en ese entorno es muy importante, pero lamentablemente están amenazados por el deterioro ambiental, el calentamiento global y la acidificación de los océanos”.

Raúl Serrano | Investigación y Ciencia